Haz fáciles las decisiones difíciles

Tomar decisiones en general parece sencillo, se complica más si eres el líder de una compañía o de un equipo y aún más si esas decisiones no van a ser positivas.

El liderazgo es mentalmente muy exigente, el líder es quien tiene la última palabra y tarde o temprano tendrá que enfrentarse a decisiones que no serán muy cómodas, como despedir a un empleado cercano o arriesgar en alguna estrategia de negocio.

Todas estas decisiones pueden agotar a una persona y ser difíciles de asumir por lo que lo mejor es seguir cierta estrategia para finalmente elegir lo más correcto:

  1. Evita la fatiga de decisiones: esto ocurre cuando se toman muchas decisiones una tras otra, aunque sean pequeñas, de tal manera que se acumula el estrés necesario para abordarlas y se produce la llamada “fatiga”. Para evitar esto hay que restar importancia a estas decisiones más pequeñas y delegar cuando sea posible.
  1. Olvídate de ti mismo: una buena manera de tomar estas decisiones difíciles es eliminarte a ti de la ecuación e imaginar que lo ves todo de manera externa. Puedes ponerte en la situación de que el problema es de otra persona, que tu no estas involucrado y así tomarás distancia para decidir mejor. Una buena técnica es contar en voz alta la disyuntiva para poder distanciarte del todo.
  1. Ponte una fecha tope: cuando tenemos que tomar decisiones complicadas y que no son enteramente de nuestro agrado es común que procrastinemos y dejemos las cosas para más tarde. Evitar procrastinar en todas las áreas de nuestra vida es, al fin y al cabo, un reto pero si lo conseguimos seremos más productivos, no solo tomando decisiones sino en todas las tareas. Una manera de conseguirlo es poniéndonos fechas límite, siendo realistas y sin precipitarnos pero siendo firmes.
  1. Limita tus opciones: cuando tenemos muchas opciones nos suele costar más decidir. Lo podemos ver en cosas tan simples como elegir el sabor de un helado en una heladería, todo el mundo se pasea un rato por el mostrador intentando escoger entre todas esas delicias. Si lo llevamos a las decisiones empresariales esto no cambia, por eso es necesario limitar estas opciones para elegir mejor y más rápido. Por ejemplo, si estás dudando entre dos proveedores y decides elegir teniendo en cuenta tan solo un factor como el precio o a la calidad, tardarás menos que si te pones a valorar todos los factores juntos.
  1. Piensa en el “largo plazo”: no te precipites, es verdad que te hemos dicho que te pusieras fechas tope pero tampoco es necesario que decidas en un segundo, especialmente si la decisión va a suponer grandes cambios. Pregúntate si la decisión tendría futuro, cómo lo ves de aquí a 4 años, etc.
  1. Cuantifica los factores: si tomamos decisiones únicamente guiados por instintos emocionales, no podremos llevar una empresa. Para ser un líder es necesario tener momentos en los que pensar con la cabeza fría y para esto es importante cuantificar todos los factores que van a determinar esa decisión. Es decir, por ejemplo si dudas entre contratar a dos personas, establece ciertos criterios y puntúa a ambas personas de acuerdo a cómo se adecúan a esos criterios, al final quien tenga más puntos será la opción más acertada.
  1. No dudes: si has seguido todos estos pasos tienes que estar seguro de que la decisión que vas a tomar es la acertada por lo que, si todavía dudas, puede que tengas que darle una vuelta más. Tomar decisiones importantes cuando aún se tienen dudas puede ser muy perjudicial.

Cuando hayas tomado tu decisión lo más importante es que aprendas de ella para poder mejorar este proceso en el futuro y preparar tus próximos pasos. Es normal que no sea fácil decidir a veces, especialmente cuando hay emociones o inseguridades , pero tomar decisiones es el camino para seguir progresando. ¡No tengas miedo y ponte manos a la obra!